X-23

Inocencia perdida

¿Alguna vez te has preguntado qué podría ser más aterrador que alguien que pudiera vencer a Wolverine en combate mano a mano?

La respuesta es: Una mujer que pudiera vencer Wolverine en combate mano a mano.

Y si crees que eso es imposible, entonces déjame contarte la historia de Laura Kinney, mejor conocida como X-23.

Aunque su primera aparición fue, de hecho en la televisión, en la serie X-Men: Evolution, de dónde mejor conocemos a esta hermosa y joven Sirena Asesina es de las páginas de los comics, donde hizo su presentación en el número tres de NYX, serie que seguía los infortunios de varios mutantes adolescentes huérfanos o abandonados que trataban de sobrevivir en las calles de Nueva York.

En estas primeras apariciones, la chica trabajaba como una prostituta que se especializaba en provocar dolorosos cortes a clientes masoquistas, quienes le pagaban mucho dinero por ello, usando las afiladas navajas que surgen a través de sus nudillos y que normalmente tiene guardadas en sus antebrazos.

X-23

Asesina perfecta

Pero espera, este no es el traumático principio, el verdadero origen de X-23 es mucho más oscuro y siniestro de lo que pudieras imaginar.

La joven mutante es, de hecho, producto de un proyecto de gobierno (clásico de Marvel) que intentaba clonar al Arma X original, es decir Wolverine, sin embargo, la única muestra que tenían del ADN de Logan resultó estar dañada y el cromosoma Y (que convierte a un feto en masculino), en especial, era imposible de reparar.

Sin embargo, una de las genetistas encargadas del proyecto, la doctora Sarah Kinney, decidió resolver la anomalía duplicando el cromosoma X y creando, así, una versión femenina de Wolverine. No obstante, su iniciativa no estaba autorizada por los altos mandos y, como castigo, la obligaron a gestar al feto clonado.

Luego de tan escabrosa, “gestación”, el primer gran trauma en la vida de X-23 ocurrió a la temprana edad de siete años, cuando el doctor Zander Rice, una de las cabezas del proyecto, expuso a la joven a una dosis letal de radiación

X-23

Furia desatada

para obligar a su cuerpo a manifestar el factor curativo que, al igual que su “padre”, era su mutación.

Pero por si esto fuera poco, en cuanto las características garras se formaron en sus antebrazos, el malvado Rice las recubrió de adamantium, extirpó la de enmedio de cada mano y luego las reimplantó, una en cada pie, todo esto sin el beneficio de la anestesia.

Y eso no es todo, además de entrenarla de forma intensa y brutal en artes marciales y tácticas y estrategia de combate mano a mano, para asegurarse de tener a la máxima arma asesina de todos los tiempos, los degenerados malditos del Programa Arma X desarrollaron una “esencia detonadora” que, al olerla, provoca en la joven un frenesí de sangre que siempre termina en horrendos asesinatos.

De hecho, esto fue la trama principal de la serie X-23: Innocence Lost (Inocencia Perdida), donde, al final, la joven mató a su madre sustituta, la doctora Kinney, a quien el malvado Rice impregnó con la “esencia detonadora” y quien con su último aliento alcanzó a susurrarle: Tu nombre es Laura.

Por fortuna, antes de que esto sucediera, la doctora logró ayudar a la mutante a escapar de La Instalación (The Facility), lugar donde se desarrollaba esta rama del Proyecto Weapon X, y Laura se dirigió a Nueva York para encontrarse con su “padre”.

Y lo primero que la joven hizo al llegar a la “Gran Manzana” fue encaminarse directo al Instituto Xavier para Jóvenes Dotados, donde se infiltró una noche y, como sólo puede ocurrir en los comics, se encontró con Wolverine.

Al encontrarse, lo primero que ambos hicieron (lógico) fue enfrascarse en una pelea y a pesar de la mayor fuerza, tamaño y experiencia de Wolverine, X-23 hizo uso de su mayor agilidad, superior técnica y mejores maniobras de combate para vencer a quien ha sido considerado como la máxima máquina de matar del Universo Marvel (aterrador ¿no es cierto?).

No obstante, cuando todos pensábamos que el final de Wolverine, a manos de su propia “hija”, estaba cerca, Logan le reveló que ya sabía de su existencia, gracias a una carta de Sarah Kinney, y entre ambos fraguaron un plan para introducirla a los X-Men.

Sin embargo, por razones aún no especificadas, el plan tardó más de lo necesario en concretarse y fue cuando X-23 terminó como prostituta, dirigida por un “chulo” apodado Zebra Daddy y durante este tiempo también desarrolla una manía por cortarse a sí misma, en busca de aliviar el profundo dolor emocional que sentía y que no sabía como expresar.

Finalmente, el plan que ella y Wolverine idearon para introducirla a los X-Men se concretó y eso marcó una nueva vida para Laura, quien finalmente pudo integrarse a un equipo y encontró una familia.

Pese a ello, su adaptación a la vida en sociedad no ha sido fácil y, de hecho ha estado llena de altibajos, sobre todo producto de su difícil carácter y su falta de tacto (sin mencionar sus instintos asesinos).

Desde entonces, X-23 ha jugado un papel importante en las distintas macroseries tanto de los X-Men, como del Universo Marvel en general, tales como Messiah Complex, House of M, Decimation, World War Hulk y la saga de Necrosha.

Además, ha sido un personaje bastante popular para la televisión, ya que ha participado en las dos más recientes series de los mutantes favoritos de los comiqueros: X-Men: Evolution, donde la vimos por primera vez, y Wolverine and the X-Men.

Pero eso, como dicen por ahí, es otra historia, de momento, creo que su pasado como experimento genético, prostituta mutante, sadomasoquista y arma humana, hacen a X-23 digna de un lugar de honor en la galería de Sirenas Asesinas.

PD: Por cierto, la razón para el nombre código de X-23 es que se realizaron 22 intentos antes de conseguir un clon viable.